Miembro del equipo de campo explicando la preparación de alimentos para la nutrición

«¡Pasa el plato, mejora la salud de la comunidad!»

Desde las laderas de las montañas hasta las orillas de los lagos de toda Guatemala, las familias del programa «Semillas para un futuro» están llevando a cabo una iniciativa discretamente revolucionaria: cultivar sus propios alimentos, según sus propios criterios.

En patios traseros y espacios prestados, en peceras reconvertidas y neumáticos reciclados apilados, las familias están encontrando formas creativas de alimentarse a sí mismas y a sus comunidades. Una mujer de Montecristo opta por las espinacas en lugar de la medicación para la diabetes. Una madre que sobrevivió al cáncer cuida un huerto para que sus hijas corran menos riesgo de enfermar por consumir alimentos contaminados con pesticidas.

En Chocolá, nuestra sede cerca de la costa del Pacífico, una familia que recibió un solo esqueje de mora hace seis meses ya está cosechando, vendiendo el fruto de su trabajo a 10 quetzales (1,25 dólares) la libra y elaborando helado con el excedente. Estas familias no esperan a que lleguen las soluciones; las están construyendo ellas mismas, plato a plato, semilla a semilla. Seeds for a Future camina a su lado, ofreciéndoles herramientas, conocimientos y una conexión con otras personas que hacen lo mismo.

Comer bien es un derecho, no un privilegio: fomentar la nutrición desde la base

Alimentarse bien debería ser un derecho universal, pero, en la práctica, el acceso a alimentos nutritivos viene determinado por factores que escapan por completo al control de cualquier familia. Los mercados mundiales tratan los alimentos como una mercancía, distribuyendo las mejores opciones en función del poder adquisitivo y no de las necesidades. Los alimentos baratos, ricos en calorías y pobres en nutrientes son los que predominan entre lo que está disponible y es asequible para la mayoría de las familias. Los alimentos frescos, ecológicos y variados, aquellos que realmente nutren, siguen estando fuera del alcance de la mayoría.

En Seeds for a Future, creemos que esto no tiene por qué ser así. Semana tras semana, colaboramos con las familias para garantizar el acceso a alimentos nutritivos en las zonas rurales de Guatemala, empezando por sus propios huertos.

Nuestro programa de huertos alimentarios proporciona a las familias las semillas, los materiales y la asistencia técnica práctica que necesitan para cultivar sus propios productos. Pero el trabajo va más allá de la jardinería y la cría de pequeños animales. Un cambio nutricional duradero implica transformar no solo lo que comen las familias, sino también cómo comen, qué piensan sobre la alimentación y cómo cuidan de su propio cuerpo.

Lo ecológico no es un lujo. Es una necesidad.

Las familias participantes comprenden de primera mano por qué es importante el cultivo ecológico. En abril, Candelaria, una de las integrantes de nuestro equipo de campo, nos contó que las familias de las comunidades a las que atiende están cada vez más preocupadas por el aumento de los casos de cáncer en su zona. Muchos relacionan esto directamente con los productos agrícolas cargados de pesticidas y cultivados con productos químicos que se venden en los mercados locales, los cuales se cultivan cerca de fuentes de agua y suelos contaminados. Como explicó Candelaria: «Las familias quieren alimentos que sean seguros para el consumo. No importa que las verduras sean más pequeñas que las que se encuentran en los supermercados; la gente teme la contaminación».

Para estas familias, el cultivo ecológico no es una moda ni una opción de estilo de vida de lujo. Es una respuesta a la crisis sanitaria que están atravesando. Han decidido colaborar con Seeds for a Future para tener esa solución directamente a su alcance. 

La variedad es sinónimo de nutrición

El cuerpo humano necesita al menos 45 nutrientes esenciales, y ningún alimento por sí solo puede aportarlos todos. La variedad alimentaria es un placer culinario, pero, lo que es más importante, es una necesidad biológica. Por eso, a las familias del programa «Semillas para el futuro» se les presenta una amplia variedad de frutas y verduras a través de los huertos, muchas de las cuales prueban por primera vez. 

Este mes, familias de varias comunidades se reunieron para experimentar con la berenjena: a la parrilla, asada, envuelta en huevo y en sopa. La experiencia colectiva se convirtió en algo mucho más que una clase de cocina. Como comentó un extensionista: «A todo el mundo le encantaron los nuevos platos. Nunca habían probado la berenjena, y fue una oportunidad maravillosa para animar a los vecinos a unirse al programa mientras compartíamos la comida juntos». 

Ese momento refleja algo esencial sobre cómo se produce el cambio: no solo a través de la enseñanza, sino también del intercambio, la curiosidad y el simple placer de una buena comida.

Disfrutar de la comida en comunidad

Este mes, en todas las comunidades donde se desarrolla nuestro programa, la cocina se convirtió en un punto de encuentro. En Santa María Visitación, las familias se reunieron para preparar y compartir sopa de coliflor. En Chocolá, la berenjena fue la protagonista en múltiples recetas. En Pochol, uno de nuestros extensionistas del equipo de campo utilizó verduras de la huerta para elaborar zumos naturales y preparaciones a base de hierbas medicinales. En Montecristo, se enseñaron recetas con espinacas a las familias con niveles altos de azúcar en sangre y se les informó sobre las propiedades reguladoras del azúcar en sangre de plantas como la hierba de la solanácea, lo que nos recuerda que la línea entre la comida y la medicina siempre ha sido más delgada de lo que pensamos.

«Tenemos plantas tanto para comer como para curar», comentó uno de los participantes. «El orégano y el romero son condimentos, pero también son medicinales. Usamos el orégano para aliviar el dolor de las varices».

Este tipo de conocimiento, arraigado en la experiencia vivida y transmitido entre vecinos, es precisamente lo que «Seeds for a Future» se esfuerza por fomentar y difundir.

Más que solo alimentos

Los huertos domésticos están transformando la forma en que las familias entienden y cuidan su propia salud. Más allá de los conocimientos agrícolas que aportan nuestros extensionistas del equipo de campo, estos traen consigo un conjunto de herramientas para lograr un cambio duradero. Cada receta compartida, cada nueva hortaliza que se prueba, cada vecino que se une al programa porque ha visto algo creciendo en la casa de al lado, es un paso hacia un futuro en el que comer bien no sea un privilegio reservado a unos pocos, sino una realidad arraigada en cada hogar.